
Pertenecía a una familia patricia de Roma
Enviado por Maria LLácer el 18/11/2008 a las 11:36 PM
Maria LLácer
El patronazgo de Santa Cecila sobre los músicos, conserva una tradición cristiana, no exenta de puntos oscuros y controversias, pero que con el paso del tiempo se ha ido superando y actualmente se ha afianzado de forma definitiva, para celebrarse en todo el mundo el día 22 de Noviembre.
Cuenta la historia, que Santa Cecilia pertenecía a la familia de la " Gens Cecilia " nombre derivado de "caecus" (ciego), otorgado al fundador de la familia que, según la historia perdió la vista salvando la estatua de la diosa Atenea de un incendio.
Según la tradición , Santa Cecilia formaba parte de esta poderosa familia pagana, siendo por tanto uno de los miembros distinguidos y privilegiados de la sociedad romana. Tenía honores, poseía riquezas y formaba parte del círculo de los poderosos.
Se conviertió al cristianismo en una época de gran persecución y se distinguió por ser uno de sus miembros más activos y un ejemplo a seguir para los cristianos de la época.
Cecilia , se caracterizó por llevar una vida muy sencilla, muy en desacuerdo con la tradición de la familia. Solía vestir una túnica de tela muy áspera y en aquella época en que el cristianismo hacía temblar al Imperio Romano decidió volcarse a esta religión, lo que no fue del agrado de las familias mas influyentes de la época.
Por acatamiento a los deseos de sus padres,aceptó casarse con un joven pagano de familia influyente llamado Valeriano, aunque según la tradición, permaneció virgen y consiguió fascinar tanto a su marido, que éste se convirtió al cristianismo y participó del martirio de su esposa.
En el año 177 después de Cristo, y siendo el también mártir Papa Urbano, Santa Cecilia fue acusada de profesar la religión cristiana y condenada a muerte por el prefecto, junto su Mmarido Valeriano y su hermano.
Dice la tradición que inicialmente intentaron axfisiarla, sin conseguirlo, posteriormente fue arrojada a un caldero con agua hirviendo, del que salió ilesa, y finalmente se decidió su decapitación.

Parece ser que el verdugo lo intentó por tres veces sin conseguirlo y que permaneció viva durante tres días hasta su muerte definitiva, como se ha dicho anteriormente en el año 177 D.C., aunque otros autores lo situan en el siglo III D.C.
Fue sepultada inicialmente donde se encuentra ahora su estatua y venerada allí al menos durante cinco siglos.
En 821 sus reliquias se transportaron a la basílica dedicada a ella en el Trastévere a una cripta toda decorada con frescos y mosaicos de comienzos del siglo IX . En el muro próximo a la estatua hay una imagen de Santa Cecilia, en actitud orante; más abajo, en un pequeño nicho, se ve la figura del Salvador, que tiene en una mano el Evangelio; junto a él está pintado el Papa mártir San Urbano. En una pared del lucernario se ven las figuras de tres mártires: Polícamo, Sebastián y Quirino.
Hasta aquí la tradición sobre la vida y muerte de Santa Cecilia, lo que ahora vamos a tratar es la tradición sobre el patronazgo de la Santa, que es quizás de lo más curioso y controvertido del asunto.
Nos remontamos al siglo V d.C., cuando comenzó a ser venerada,al mismo tiempo en el que comenzó la construcción de la iglesia dedicada en su honor.
Fue en esta iglesia donde se celebraban diariamente oficios cantados por una congregación de monjes que estableció allí el Papa Pascual I. donde nace la confusión con su persona.
Se asegura que en el oficio divino de Santa Cecilia había una antífona , versículo que se canta o reza entre salmos, que decía " Cantantibus órganis Cecilia virgo corde suo soli Domino decantabat " traducido como " Al son de los órganos la virgen Cecilia cantaba en su corazón sólo al Señor ".
Esta derivaba de una narración existente del día del matrimonio de la Santa en la que se afirmaba: " Venit dies in quo thalamus collocatus est, et, cantantibus organis, illa in corde suo soli Domino decantabat dicens: Fiat cor meum et corpus meum immaculatum, ut non confundar " traducido como " El día en que se realizaría la boda y mientras los instrumentos musicales se ejecutaban ella, sola, cantaba a Dios en su corazón diciendo: Haz mi corazón y mi cuerpo puro de modo que no me confundá ".
Así surgió la mala interpretación que llevó a asegurar que Cecilia cantaba acompañada de un órgano que tocaba ella misma. Por este mito y por el culto, en 1584, en Roma, la Academia que hasta hoy lleva su nombre la consideró y proclamó para todo el mundo cristiano patrona de los músicos.
Otra de las fuentes que llevan a la confusión, la encontramos en frases de la liturgia a Santa Cecilia durante el siglo VI que por probables malas trasncripciones, han ayudado a interpretaciones no muy exactas delo asunto . Así tenemos que enlas liturgias era recordada con la frase: " Morte Candentibus Organus ", (murió con los órganos quemados), mientras que una mala transcripción, cambia el texto a: " Morte Cantantibus Organus ", (murió cantando).
Otras de la fuentes, quizás las mas importantes, la encontramos en las " Actas de Santa Cecila ", datadas del siglo VI y en la que se recogen pasajes de la historia la mártir.
En ellas se encuentran párrafos que recuerdan el célebre episodio de la boda de la Santa con Valeriano y en el que se dice:

" Durante el banquete de bodas, mientras la música sonaba, ella entonaba oraciones en la soledad de su corazón, pidiendo que su cuerpo quedara inmaculado ", lo que parece ser que fue otorgado, ya que la tradición admite, su virginidad, hasta la muerte por martirio.
Posteriormente, tanto su lugar de reposo como las Actas se convirtieron en objetos de veneración en forma de miniaturas, mosaicos y frescos. Pero en ningún caso, el concepto de música aparece en ellos, sino todo lo contrario. Curiosamente, se han hallado documentos que cuentan el capítulo de la boda de una forma muy diferente.
Según éstos, la Santa rehuyó la música durante toda la ceremonia, calificándola como " el mortal canto de sirenas que impulsa a los inocentes a poner en peligro sus vidas ".
No obstante, la férrea tradición cristiana no puede desvanecerse de la noche a la mañana y sea como fuere la realidad, lo cierto es la profunda veneración por parte de los músicos a lo que es su patrona desde finales del siglo XVI.

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el, cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano.
El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides."
Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel." Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones." Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?" Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella.
El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: " ¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?" Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.

Desde entonces, los dos hermanos se consagraron a la práctica de las buenas obras. Ambos fueron arrestados por haber sepultado los cuerpos de los mártires. Almaquio, el prefecto ante el cual comparecieron, empezó a interrogarlos. Las respuestas de Tiburcio le parecieron, desvaríos de loco. Entonces, volviéndose hacia Valeriano, le dijo que esperaba que le respondería en forma más sensata.
Valeriano replicó que tanto él como su hermano estaban bajo cuidado del mismo médico, Jesucristo, el Hijo de Dios, quien les dictaba sus respuesta. En seguida comparó, con cierto detenimiento, los gozos del cielo con los de la tierra; pero Almaquio le ordenó que cesase de disparatar y dijese a la corte si estaba dispuesto a sacrificar a los dioses para obtener la libertad. Tiburcio y Valeriano replicaron juntos: "No, no sacrificaremos a los dioses sino al único Dios, al que diariamente ofrecemos sacrificio." El prefecto les preguntó si su Dios se llamaba Júpiter. Valeriano respondió: "Ciertamente no. Júpiter era un libertino infame, un criminal y un asesino, según lo confiesan vuestros propios escritores."
Valeriano se regocijó al ver que el prefecto los mandaba azotar y hablaron en voz alta a los cristianos presentes: "¡Cristianos romanos, no permitáis que mis sufrimientos os aparten de la verdad! ¡Permaneced fieles al Dios único, y pisotead los ídolos de madera y de piedra que Almaquio adora!" A pesar de aquella perorata, el prefecto tenía aún la intención de concederles un respiro para que reflexionasen; pero uno de sus consejeros le dijo que emplearían el tiempo en distribuir sus posesiones entre los pobres, con lo cual impedirían que el Estado las confiscase. Así pues, fueron condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en un sitio llamado Pagus Triopius, a seis kilómetros de Roma. Con ellos murió un cortesano llamado Máximo, el cual, viendo la fortaleza de los mártires, se declaró cristiano.
Cecilia sepultó los tres cadáveres. Después fue llamada para que abjurase de la fe. En vez de abjurar, convirtió a los que la inducían a ofrecer sacrificios. El Papa Urbano fue a visitarla en su casa y bautizó ahí a 400 personas, entre las cuales se contaba a Gordiano, un patricio, quien estableció en casa de Cecilia una iglesia que Urbano consagró más tarde a la santa. Durante el juicio, el prefecto Almaquio discutió detenidamente con Cecilia.
La actitud de la santa le enfureció, pues ésta se reía de él en su cara y le atrapó con sus propios argumentos. Finalmente, Almaquio la condenó a morir sofocada en el baño de su casa. Pero, por más que los guardias pusieron en el horno una cantidad mayor de leña, Cecilia pasó en el baño un día y una noche sin recibir daño alguno. Entonces, el prefecto envió a un soldado a decapitarla. El verdugo descargó tres veces la espada sobre su cuello y la dejó tirada en el suelo. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. En ese tiempo los cristianos acudieron a visitarla en gran número. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto.
Esta historia tan conocida que los cristianos han repetido con cariño durante muchos siglos, data aproximadamente de fines del siglo V, pero desgraciadamente no podemos considerarla como verídica ni fundada en documentos auténticos. Tenemos que reconocer que lo único que sabemos con certeza sobre San Valeriano y San Tiburcio es que fueron realmente martirizados, que fueron sepultados en el cementerio de Pretextato y que su fiesta se celebraba el 14 de abril. La razón original del culto de Santa Cecilia fue que estaba sepultada en un sitio de honor por haber fundado una iglesia, el "titulus Caeciliae". Por lo demás, no sabemos exactamente cuándo vivió, ya que los especialistas sitúan su martirio entre el año 177 (de Rossi) y la mitad del siglo IV (Kellner).
E1 Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia in Transtévere. (Las reliquias de la santa habían sido descubiertas, gracias a un sueño, no en el cementerio de Calixto, sino en el cementerio de Pretextato). En 1599, el cardenal Sfondrati restauró la iglesia en honor a la Santa en Transtévere y volvió a enterrar las reliquias de los cuatro mártires. Según se dice, el cuerpo de Santa Cecilia estaba incorrupto y entero, por más que el Papa Pascual había separado la cabeza del cuerpo, ya que, entre los años 847 y 855, la cabeza de Santa Cecilia formaba parte de las reliquias de los Cuatro Santos Coronados.
Se cuenta que, en 1599, se permitió ver el cuerpo de Santa Cecilia al escultor Maderna, quien esculpió una estatua de tamaño natural, muy real y conmovedora. "No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba," dijo más tarde el artista, sino recostada del lado derecho, como si estuviese en la cama, con las piernas un poco encogidas, en la actitud de una persona que duerme." La estatua se halla actualmente en la iglesia de Santa Cecilia, bajo el altar próximo al sitio en el que se había sepultado nuevamente el cuerpo en un féretro de plata.
Sobre el pedestal de la estatua puso el escultor la siguiente inscripción: "He aquí a Cecilia, virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi." De Rossi determinó el sitio en que la santa había estado originalmente sepultada en el cementerio de Calixto, y se colocó en el nicho una réplica de la estatua de Maderna.
Sin embargo, el P. Delehaye y otros autores opinan que no existen pruebas suficientes de que, en 1599, se haya encontrado entero el cuerpo de la santa, en la forma en que lo esculpió Maderna. En efecto, Delehaye y Dom Quentin subrayan las contradicciones que hay en los relatos del descubrimiento, que nos dejaron Baronio y Bosio, contemporáneos de los hechos. Por otra parte, en el período inmediatamente posterior a las persecuciones no se hace mención de ninguna mártir romana llamada, Cecilia.
Su nombre no figura en los poemas de Dámaso y Prudencio, ni en los escritos de Jerónimo y Ambrosio, ni en la "Depositio Martyrum" (siglo IV). Finalmente, la iglesia que se llamó más tarde "titulus Sanctae Caeciliae" se llamaba originalmente "títulus Caecilia", es decir, fundada por una dama llamada Cecilia.
Santa Cecilia es muy conocida en la actualidad por ser la patrona de los músicos. Sus "actas" cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón. Al fin de la Edad Media, empezó a representarse a la santa tocando el órgano y cantando.