Aprovechando este mes de marzo, en que estamos completamente imbuídos en esto de la educación, transcribiré para ustedes un artículo en que tratan de este tema que lo encontré muy bueno. Además que trata el problema desde otro punto de vista.Este artículo publicado en el Diario La Nación Domingo, que abarca la semana del 18 al 24 de Enero de 2009, en su página de Opinión y con el título de "Valores democráticos en la educación: la realidad se impone al discurso". Escrito por Juan Eduardo García-Huidobro, Decano de la Facultad de Educación Universidad Alberto Hurtado y miembro del Consejo Directivo de Genera.
Los dejo con el artículo.
Domingo 18 de enero de 2009
Por Juan Eduardo García-Huidobro*
OPINIÓN
Valores democráticos en la educación: la realidad se impone al discurso
Nuestro sistema educativo es profundamente antidemocrático. Si la escuela no tiene mixtura social, no propicia el encuentro de los diferentes en sus aulas y no favorece –a partir de ello- una aceptación clara del otro como igual, pese a sus diferencias, su aporte a los valores democráticos va a ser limitado.
Para promover valores en la educación, tiene que haber una congruencia muy fuerte entre el vivir y el decir en la escuela. No puede haber contraposición entre lo que se expresa en la "cultura escolar", y los valores contenidos en el currículum y que se proclaman a través de la enseñanza. Porque en la escuela, al igual que en la familia y en la sociedad, se educa a través de dos vías: por una parte, los planteamientos contenidos en los discursos y, por otra, los valores que concreta y cotidianamente se experimentan en los estilos de convivencia.
Desde ese punto de vista hoy existe una tensión en la educación chilena cuando hablamos de valores democráticos como tolerancia, responsabilidad social, solidaridad, respeto a los otros y a los derechos humanos. Porque hay, de una parte, un currículum que orienta con claridad la enseñanza en una dirección democrática, pero, de otra parte, una institucionalidad profundamente elitaria y clasista, que en su cultura no logra zafarse del autoritarismo. Estando las cosas así, la realidad de la escuela se impone sobre el discurso.
El aporte más importante que la democracia debe esperar de la educación es que instale en la cultura la idea y el ideal de igualdad. Esto supone la aceptación del otro como es, con sus cualidades y sus diferencias, pero como igual. Para que este aprendizaje básico de la democracia se dé, se requiere una experiencia educativa en la que los y las estudiantes se encuentren con quienes son de grupos y clases distintas a las propias y aprendan a apreciarlos y respetarlos.
Nuestro sistema educativo propicia una experiencia educativa que es exactamente la contraria. Es un sistema en que los pobres se educan con los pobres y los ricos con los ricos. Todavía más, es un sistema que entre los pobres separa a los más pobres de los menos pobres y entre los ricos a los más ricos de los menos ricos. Esta segregación enseña todo lo contrario a la democracia: que valgo más o menos que los otros o, en definitiva, que soy más o menos que los otros. ¿Cómo esos estudiantes pueden sentirse parte de un mismo Chile y pueden ver sus vidas atadas solidariamente a quienes son totalmente distintos a ellos?
En definitiva, nuestro sistema educativo es profundamente antidemocrático. Si la escuela no tiene mixtura social, no propicia el encuentro de los diferentes en sus aulas y no favorece a partir de ello- una aceptación clara del otro como igual, pese a sus diferencias, su aporte a los valores democráticos va a ser limitado. El discurso democrático explícito va a ser siempre mitigado por un clasismo que es inconsciente, está instalado en nuestra concepción global del mundo y se replica en todo el sistema social.
Este complejo escenario no es indiferente cuando abordamos el tema de la calidad de la educación. Porque la calidad es también un problema democrático. Distribuimos a los niños, niñas y jóvenes en las escuelas de acuerdo al nivel socioeconómico y cultura de sus padres; en un extremo todos son hijos de profesionales y poseen en sus hogares los apoyos y condiciones para aprender; en el otro existen escuelas que concentran todos los problemas sociales y económicos y donde ninguno de los padres es profesional.
Consecuencia: disminuye poderosamente la transferencia cultural de un estudiante a otro; no estamos aprovechando todas las oportunidades de enseñanza/aprendizaje que los hijos de familias más escolarizadas podrían aportar. Con una educación más democrática, mejora la calidad de la educación por el sólo hecho de mezclar a niños de diferentes realidades.
¿Por qué pasa lo que pasa? En Chile el sector más rico siempre ha educado a sus hijos e hijas en colegios pagados. Descontado ese grupo el resto de la población había asistido a educación gratuita. Así, hace 15 años existía cerca de un 9% de la educación que era pagada y más del 90% que era gratuita. Uno hubiese pensado que hoy debiéramos estar discutiendo sobre la conveniencia o inconveniencia social y democrática de la existencia de esa educación pagada. Sin embargo, en 1993 se establece el financiamiento compartido y ahora es un más de un 40% de la educación la que se distribuye según la capacidad de pago de las familias. Ninguna de las tres leyes sobre educación en discusión en el Congreso enfrenta este problema que, si queremos una educación y una democracia de calidad, resulta urgente abordar.


3 comentarios:
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